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El sexo está en todas partes, en la televisión, en las revistas, en los escaparates, pero en la literatura aún provoca cierto pudor y vergüenza. Encuadernada en papel de periódico y escondida en los estantes más ocultos de las bibliotecas, la narrativa erótica sigue leyéndose en la intimidad y a media luz. Y aunque continua sin el apoyo de todos los editores, se trata de uno de los géneros más aditivos y populares, seguramente porque estimula la fantasía, seduce a nuestros impulsos y exalta nuestros instintos sexuales más recónditos y secretos.
Aunque pocos confiesan esta afición, si la literatura erótica no contara con un amplio círculo de lectores no se harían tantas reediciones cada año y no habría sobrevivido hasta nuestros días. Y se podría decir que si hoy goza de buena salud, pese a las voces que hablan de crisis del género, es en parte gracias a las mujeres pues son muchas las escritoras de todas las latitudes que se han puesto a darle a la tecla para reflejar su propio imaginario erótico
Un género literario
Aunque nunca haya contando con demasiado reconocimiento, actualmente la literatura erótica se ha legitimado como género, puesto que sus textos forman parte del currículo de muchas universidades. Y como todo género tiene unas reglas y rasgos comunes. - Las tramas se centran en las relaciones sexuales en toda su amplitud. Las situaciones recreadas por los relatos eróticos suelen estar a medio camino entre el placer y el dolor, la belleza y la suciedad, el poder y la sumisión, en ambientes privados, ocultos y secretos. Tal vez por eso, son frecuentes las narraciones en primera persona en forma de diarios o cartas. - Escenarios hay para todos los gustos: en países exóticos en ciudades que habitamos, en cárceles, castillos y edificios de oficinas, con argumentos de misterio, de terror o narraciones históricas. - La fantasía también es un ingrediente común en la literatura erótica. El género permite la exageración puesto que, seguramente, en el mundo real no serían posibles semejantes proezas sexuales. Pero al fin y al cabo, su verosimilitud no es lo más importante.
- En el lenguaje también se haya una de las principales armas de la literatura erótica. Y es el erotismo no se encuentra tanto en la descripción fisiológica o en el catálogo de posturas sexuales como en la exaltación de las palabras. Todo elemento puede ser erótico si está descrito de forma que despierta nuestros sentidos.
La eterna polémica: pornografía vs erotismo
La vieja discusión que intenta fijar donde acaba el erotismo y donde empieza la pornografía parece estar de acuerdo en un punto: mientras que la literatura pornográfica es la descripción pura y dura de los placeres carnales, la erótica busca además despertar el placer estético tanto en el lenguaje como en la trama. Vamos que el sexo puede ser el hilo argumental pero no es un menú de un único plato, sino que la trama contiene otros ingredientes. Para resolver esta dicotomía, otros argumentan que lo sugerente es erótico mientras lo explícito es sinónimo de pornográfico. Sea como sea, lo que está claro es que se trata de una polémica imposible puesto que todo depende de la mirada del lector: lo que para uno es sutileza para otros es escandaloso. La historia de la literatura está plagada de obras que han sido censuradas y perseguidas, acusadas de obscenas cuando no de pornográficas, que actualmente se nos antojan bastante pueriles. Y no estamos hablando de autores menores, hasta los más grandes han tenido que cargar con el cartelito de “indecente”: desde Platón, Bocaccio, el Arcipestre de Hita, Shakespeare, Baudelaire, Flaubert, Joyce, El amante de Lay Chatterley de D.H Lawrence hasta la Lolita de Navokov.
Las obras básicas de la literatura erótica
Aunque pueden encontrarse obras del período griego o romano más o menos transgresoras, el origen de la literatura erótica hay que buscarlo en Oriente. Y es que aquellas latitudes siempre nos han llevado bastante delantera en la literatura erótica en particular, y en las artes amatorias en general. Además de la India con su antiquísimo Kamasutra escrito en el 500 d.C, en el Japón del siglo XI encontramos Historia de Genji, una de las primeras novelas eróticas de la historia, y en la China del siglo XVI una obra aún más explícita, Ciruelas en una vasija de oro, prohibida como obra pornográfica durante siglos. Europa no despertó al placer de las palabras hasta el siglo XVII cuando empezaron a circular relatos pornográficos clandestinos, cuyo máximo exponente es la francesa L’École des filles (1655). En Inglaterra, un siglo más tarde John Cleland escribe Fanny Hill, un auténtico best-seller de la época que aún hoy es uno de los libros más reimpresos de la lengua de Shakespeare (y esto tendiendo en cuenta que la novela no fue legal en su país natal hasta 1970). A partir de este momento, proliferó la publicación de novelas eróticas, las más destacadas son:
- Justine, o los infortunios de la virtud. Marqués de Sade. (s. XVIII)
- Grushenka, tres veces mujer. Anónimo ruso (s. XVIII)
- Memorias de una pulga. Anónimo (s. XIX).
- Manual de urbanidad para jovencitas. Pierre Louÿs (s.XIX)
- La historia del Ojo. George Bataille. (s. XX)
- Trópico de Capricornio. Henry Miller. (s. XX)
¿Crisis del género?
El más famoso de los premios literarios de narrativa erótica, La Sonrisa vertical concedido por la editorial Tusquets, ha sido declarado desierto en las últimas ediciones. Algunos han querido ver en este hecho la prueba de la crisis del género. ¿existe una escasez de talento? ¿no hay interés por las tramas eróticas? ¿los textos son demasiado sexuales y poco literarios? ¿O demasiado literarios y poco eróticos? Tal vez es que el sexo se ha vuelto tan cotidiano y natural que ya casi nada escandaliza o que tantas novelas incluyen pasajes de alto voltaje en sus páginas que se han difuminado las fronteras del género.
Las mujeres toman la pluma
La narrativa femenina erótica ha venido cobrando más y más fuerza en los últimos años. Actualmente, es Cien cepilladas antes de dormir de Melissa P, una siciliana adolescente ha despertado el morbo editorial del mundo. Hace unos meses fue el diario de la directora de Art Press Catherine Mollet o Diario de una ninfómana de Valerie Tasso. Y de Oriente, como no, están despertando pasiones el blog de la joven Mu Zimei o Snakes and earrings de Hitomi Kanehara. Recientemente, la escritora Lucía Etxebarría consiguió reunir a otras doce autoras en el libro Lo que los hombres no saben… el sexo contado por mujeres (Planeta), un libro con trece relatos eróticos de autoras de renombre. Ahora son muchas, pero merece echar una vista atrás a las pioneras del género porque si escribir siempre fue complicado para una mujer imaginad escribir literatura erótica. Memorias de una cantante alemana, atribuida a la famosa cantante Wilhelmine Schroeder-Devrient publicada en 1881 una de las obras más valoradas de la literatura erótica alemana. Así como la saga de novelas del personaje de Claudine escrito a principios del siglo XX por una joven Colette, aunque firmadas por su marido. De todas formas, se considera que la primera mujer en hacer literatura erótica desde una perspectiva realmente femenina fue Anaïs Nin, sus diarios llenos de pasajes ardientes fueron escritos muchos años antes pero que no consiguieron ver la luz hasta los años 60. Unos años antes, en 1954 se publicó en Francia Historia de O de Pauline Réage (sinónimo de Dominique Aury), uno de los libros en francés más traducidos y publicados ¿Eres aficionada a la literatura erótica? ¿Has leído alguna de las obras citadas? ¿Y qué te han parecido? ¿Qué opinas de la literatura erótica? ¿Te atreverías a contar en un relato tus fantasías? Puedes contestar a todas estas preguntas en nuestro foro.
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Comentarios
Gracias!!!
http://malakerotika.com
Están buenísimo el Webcomic LUPE LUPA, sobre "las desventuras sexuales de una licántropa latina, hirsuta y multiorgásmica en busca de felicidad".
También hay unos chistes desvergonzados sobre Adán y Eva (Frutita Prohibida)
y algunos poemas eróticos bajo la rúbrica "sueños mojados", por ejemplo:
EL ENANO Y LA MENINA:
http://malakerotika.com/?p=457
Que lo disfrutéis
Un beso mojado
Marcela
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