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Escena de encuentro íntimo entre un hombre y una mujer. Están desnudos. Hay pasión, caricias, besos, excitación, deseo. La mujer gime, pero no de placer sino de dolor. Por mucho que el hombre lo intente, su puerta permanece cerrada. Acaba de entrar en escena el personaje malvado de la película: el vaginismo. Afortunadamente, puedes cambiar el guión para que este filme tenga un final feliz.
Son muchas las chicas que cada día se encuentran con este problema en sus relaciones sexuales. La mayoría de ellas jóvenes: este trastorno se da sobre todo entre los 15 y los 25 años. De entrada, deberías saber que tu cuerpo es normal y a tus genitales no les pasa nada. Sin embargo, cuando llega el momento de la penetración tu vagina se cierra herméticamente como una caja de seguridad sellada y no hay llave, contraseña o palabras mágicas que logren abrirla. No es que tengas una puerta blindada en tu cuerpo, sino que de manera involuntaria se produce un espasmo o contracción de los músculos pélvicos que rodean tu vagina. Esto impide la entrada de cualquier “objeto extraño”. Por eso, esta contracción no sólo se produce durante el coito, sino que también puede tener lugar al introducir un tampón, al hacerte una ecografía o durante una revisión ginecológica.
Esas barreras que están en tu cabeza
El vaginismo es la forma en que tu cuerpo manifiesta su rechazo a la penetración. Muchas veces lo provoca un temor inconsciente a las relaciones sexuales o es una de las consecuencias de una educación muy represora. Haber sido víctima de abusos sexuales también puede causar esta alteración. Las consecuencias para la mujer son varias, aunque algunas de las más comunes son evitar el sexo con su pareja o las nuevas relaciones sentimentales debido al miedo al dolor y a situaciones comprometidas. Si es tu caso, la terapia sexual puede ser un importante apoyo. Los sexólogos reciben muchas consultas de este tipo y obtienen unos resultados muy rápidos y positivos ayudando a las féminas a superar este bloqueo mediante ejercicios, técnicas y entrenamiento.
El papel de la pareja
Aunque seas tú quien padece vaginismo, se trata de un problema que tiene consecuencias sobre los dos miembros de la pareja. Por este motivo, la actitud de tu compañero puede ser crucial ante estas situaciones. Ni presiones, ni reproches, ni indiferencia, lo que tú necesitas en este momento es comprensión y apoyo, y sobre todo comunicación. Hablar del problema, de tus inquietudes y miedos te hará sentir más comprendida y a él le servirá para entender qué está pasando: no olvides que él también puede sentirse desconcertado, culpable o asustado.
Vaginismo no es anorgasmia
Entre el secretismo que sigue envolviendo los temas sexuales y la abundancia de léxico técnico, todavía hay gente que confunde vaginismo con anorgasmia. Como su nombre indica, la anorgasmia es la incapacidad para tener orgasmos. Pero que una mujer sienta dolor durante la penetración no significa que no pueda tener orgasmos. Las mujeres con vaginismo, al igual que la mayoría de féminas, pueden alcanzar el orgasmo mediante la estimulación del clítoris o a través de otras prácticas.
Obstáculos físicos
Es posible que tú también sientas dolor durante la penetración pero que no te identifiques con esta contracción involuntaria de la musculatura de la pelvis que hemos definido como vaginismo. Y es que hay muchas féminas que también sienten dolor, ardor o molestias durante el coito por causas físicas como:
- Cicatrices, inflamaciones, heridas o pequeños desgarros en la entrada de la vagina.
- Un desplazamiento de la matriz.
- Infecciones como salpingitis (que afecta a la zona pélvica), hongos o herpes genital.
- Falta de lubricación en la vagina, que puede deberse a un problema físico o a falta de estimulación.
En éste último caso, incrementar los preliminares con tu pareja para aumentar la excitación o utilizar lubricante pueden poner fin al dolor. En los otros, lo más recomendable es que visites al ginecólogo.
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