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Sufren el doble de discriminación; por ser mujeres y por ser gitanas. Pero los tiempos cambian, la sociedad lentamente avanza y ellas también se han subido al carro del progreso. Tienen en sus manos la herramienta básica para avanzar: pueden y eligen estudiar porque quieren abarcar más. Todo ello sin dejar a su gente de lado, pues su cultura se afirma en la importancia de la familia. Son mujeres, son fuertes, son gitanas y el mundo también es suyo.
La sociedad les ha puesto su etnia como apellido, ha estereotipado su cultura y su forma de vivir, y es difícil luchar contra lo establecido. Pero las gitanas del siglo XXI son mujeres que saben y quieren bailar entre dos aguas. Por un lado, son el pilar fundamental de sus familias, pero también saben que hay un mundo diferente fuera de sus casas y quieren explorarlo. Tienen su papel como madres de familia totalmente interiorizado, por lo que se exigen el doble de esfuerzo: formar parte de la sociedad mayoritaria sin perder de vista ni su hogar ni a los suyos.
Educándose para ser más libres
Prácticamente cada ciudad cuenta con una asociación que promueva la integración de los gitanos y todas tienen claro cuál es su herramienta básica: el acceso a los estudios. Las niñas gitanas de hoy en día siguen siendo vitales en la organización de su hogar (ayudan a sus madres en las tareas domésticas, cuidan de sus hermanos…) pero ahora también estudian. Muchas siguen respondiendo al estereotipo de madres muy precoces y amas de casa, pero muchas otras retrasan el momento de su matrimonio y realizan estudios superiores para convertirse en mujeres autónomas. El miedo de los payos a esta etnia es recíproco, y unido al machismo que impera en nuestra sociedad, lleva a muchas mujeres gitanas a preguntarse al finalizar sus estudios: “¿habrá sitio para mí en el mercado laboral?”. Porque a pesar de vivir en el siglo XXI los gitanos siguen siendo perseguidos: son vigilados en las tiendas, nadie los quiere como vecinos y siguen siendo sólo relacionados con la venta ambulante y el folclore.
La sociedad impide el cambio
Es difícil luchar contra la sociedad, pedir ser tratados por lo que somos y no por la imagen que se proyecta de nosotros, pero no es imposible. El trabajo, la constancia, la ilusión y la convicción de estar reivindicando lo justo hacen posible el proceso que estas mujeres están llevando a cabo. Es un cambio lento, tal vez invisible a los ojos de los demás, pero vital para todas ellas. Luchan juntas, aunque no deberían hacerlo solas, pues la integración de estos hombres y mujeres debería ser un objetivo común. Esta cultura desconocida para muchos necesita de la fuerza de todos para su inclusión en la sociedad.
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