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La bulimia es una alteración de la conducta alimentaria que surge como consecuencia de un trastorno mental. Cada vez oímos más sobre este problema que afecta tanto a mujeres como a hombres, pero…¿ la información que nos llega encaja siempre con el perfil del enfermo?
Bulimia proviene del griego bous (buey) y limus (hambre) por lo que literalmente su significado es “hambre de buey”. A diferencia de la anorexia, la bulimia es mucho más difícil de diagnosticar porque las conductas alimentarias en sociedad y el físico de los afectados (principalmente mujeres) no llaman la atención. Pero, ¿cómo es la vida más íntima de quienes la padecen? Al principio no son conscientes de que tienen un problema y, aún estando dentro del círculo ansiedad-comer-purgar-culpabilidad-ansiedad, creen tenerlo controlado y estar dentro de lo “normal”. Pero, si no se trata a tiempo, esta enfermedad puede ir degenerando a la persona que la sufre, que acaba viviendo un auténtico infierno sin saber cómo salir de él. Lo que se ve en una enferma bulímica son sus cambios continuos de peso, su obsesión por adelgazar, su mal carácter, su progresiva insociabilización y en muchos casos adicciones o excesos en drogas, alcohol e incluso en el sexo. Tras estos rasgos bien podríamos decir que no hace falta padecer bulimia, ya que conocemos o nos reconocemos en lo dicho. Lo que no se ve, y una bulímica no permitirá jamás que sea visto, son sus continuos atracones (de los que se avergüenza y no es capaz de parar). Esta obsesión por la comida es lo único que le calma la ansiedad, su continua necesidad de purgarse para no subir de peso, ya sea vomitando, con laxantes, diuréticos o con excesivo ejercicio físico; el sufrimiento por querer buscar la aceptación de los demás y agradar; y la necesidad por querer controlar su vida cuando más descontrolada está, viendo que no es capaz de poder llevar su día a día, lo que le lleva a entrar en un estado de depresión que incluso puede acabar desembocando en un suicidio. Por tanto, la frialdad con la que se muestra esta enfermedad en los medios de comunicación debería ser más cuidada tanto para las adolescentes que pueden ver un modelo a copiar para llamar la atención, como para las adultas que llevan años sufriendo y no se van a sentir identificadas. Una persona con bulimia ha podido caer en esta enfermedad por varios motivos: falta de autoestima, acoso sexual, desequilibrio familiar, falta de amor materno, etc. y todas calman su angustiosa ansiedad comiendo, ya que es el momento en que se dan su dosis de tranquilidad y amor, como el bebé que mama del pecho de su madre.
Una bulímica no va a querer reconocer que necesita ayuda hasta que no vea que su conducta autodestructiva también ha destruido su alrededor y no es capaz de hacer nada. El primer paso para salir de su infierno será reconocer que es una enferma. El asesoramiento de profesionales será basico para ello, ya que una vez se vean capaces de recuperar poco a poco su vida, la autoestima por los logros conseguidos les ayudará a seguir caminando. No todas las personas enfermas de bulimia llegan a ser diagnosticadas, muchas de ellas pasan su vida sufriendo y adaptando este mal vivir a su cotidianidad diaria, entre ellas las amas de casa. En España una de cada cien mujeres padece esta enfermedad y el 80% de ellas se recupera totalmente, aunque las recaídas son frecuentes.
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