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Ser objeto de bromas crueles hechas por los compañeros de trabajo, recibir tareas inútiles o excesivas por parte del jefe o sentir que tus subordinados te hacen el vacío son situaciones que las víctimas de acoso laboral padecen cada día. Un hostigamiento invisible y sutil, pero con consecuencias demoledoras sobre la salud física y psicológica.
Seguramente el mobbing es tan antiguo como la humanidad. Pero sólo desde hace algunos años se le ha puesto nombre, y sobre todo se ha tomado conciencia de esas situaciones donde alguien le coge manía a un compañero de trabajo hasta el punto de montarle una auténtica campaña hostil en su contra y hacerle la vida imposible. Nadie puede estar a salvo del acoso laboral. Al menos eso revela un estudio del Colegio de Psicólogos que muestra que el 15% de los trabajadores españoles en activo padece mobbing. Afortunadamente cada vez hay más sentencias que condenan este tipo de maltrato psicológico.
Tipos de mobbing
Para ser reconocido como mobbing el hostigamiento ha de producirse con frecuencia (por lo menos una vez a la semana) y durante un periodo prolongado (al menos durante seis meses). Existen tres tipos de mobbing:
- Descendente, del jefe hacía un trabajador/a. Suele ser la situación más habitual porque el superior utiliza su poder para maltratar al otro. A veces el objetivo es tan evidente como lograr que el trabajador/a abandone el trabajo y así evitarse el coste de un despido legal.
- Ascendente, de los subalternos hacia un superior. Se registra sólo en un 4% de los casos y suele producirse cuando alguien exterior se incorpora a la empresa con un rango superior que no es aceptado por el resto de trabajadores que aspiraban a ocupar ese puesto.
- Horizontal, por parte de un compañero/a de igual rango.
En ocasiones, el hostigamiento no proviene de una sola persona, sino de un grupo de compañeros que se alían en bloque para acosar a otro, llegándose a producir casi un linchamiento psicológico que lamentablemente es muy difícil de demostrar.
Las armas del acosador
Son muchas las malas artes que utiliza el hostigador para hacerle la vida imposible al compañero o compañera:
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Armas comunicativas: gritando, avasallando o insultando a la persona, amenazándola y coaccionándola, criticando su trabajo o su vida personal, incluso ignorándola delante de otros, haciéndole el vacío, no dirigiéndole la palabra, reteniendo información importante para realizar su trabajo.
- Armas laborales: sobrecargando a la víctima con mucho trabajo, asignando proyectos o plazos inalcanzables o también quitándole áreas de responsabilidad a cambio de tareas repetitivas o inútiles, induciéndole a cometer errores para acusarla después de poca profesionalidad o dificultando su carrera impidiendo promociones o traslados.
- Manipulando la reputación: ridiculizando, parodiando al afectado y difamándole difundiendo comentarios negativos o extendiendo falsos rumores para menoscabar su reputación.
- Intromisiones en la intimidad: abriendo su correo electrónico, escuchando sus conversaciones telefónicas, revisando sus papeles, armarios, mesa o cajones o incluso destruyendo o robándole documentos y objetos importantes.
La amenaza silenciosa
Tal vez pienses que es imposible que alguien se deje maltratar en el trabajo. Pero es que el mobbing casi nunca es un acoso abierto y evidente sino un maltrato oculto, escondido, tan sutil que a veces sólo es visible para el propio afectado. Sutiles humillaciones que van cavando un hondo abismo en la autoestima y la confianza. Tal vez por eso la víctima, sola y aislada, a menudo se topa con la incredulidad del entorno hasta el punto de dudar del infierno que está sufriendo en su propia piel. Y es que el principal problema del mobbing es detectar al agresor, ya que suele ser una persona encantadora, con una imagen exterior bastante positiva y una gran habilidad para no dejar rastros o huellas de su acoso. Con todos estos condicionamientos se entiende que sea tan difícil demostrar un caso de hostigamiento laboral.
Una enfermedad profesional
Pese a que los golpes del acoso laboral puedan ser sutiles, sus consecuencias llegan a ser demoledoras para la víctima. Nervios, insomnio, migrañas, afecciones cutáneas, fatiga crónica, caída del cabello, palpitaciones, gastritis, dificultades respiratorias… son algunos de los efectos físicos y psíquicos que el mobbing puede provocar en la víctima. La pérdida de confianza, el estrés, la inseguridad e incluso la depresión también conllevan a menudo el aislamiento social de la persona o conflictos familiares y de pareja. El desenlace final puede ser la baja laboral, el cese voluntario o la incapacidad permanente. El trauma de sufrir acaso laboral se verá más o menos agravado dependiendo de los apoyos, afecto y comprensión que la persona reciba tanto en el ámbito laboral como en el familiar.
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Comentarios
Friedrich Nietzsche
Atacar es de cobardes, defenderese de valientes.
Siendo dos que pensáis lo mismo, por qué no se lo decís al jefe?
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